martes, 18 de mayo de 2010

Open water.

Yo quería vacaciones en la nieve!

Dir. Chris Kentis

Durante décadas de cine y tv hemos sido atemorizados por pájaros, arañas, serpientes, pirañas, ballenas (antes de “Free Willy”, la Orca, era una ballena asesina).

En 2006 se estrenó una película Neo zelandesa donde los animales que mataban humanos eran ovejas! “Black sheep”, traducida al español con el literal y predecible “Ovejas asesinas”.

Hemos visto hasta tomates asesinos! “The attack of the killer tomatoes” que comparte con “Plan 9 from outher space” de Ed Wood, los primeros puestos en la lista “oficial” de las peores películas de la historia, no por eso las menos vistas.

Pero absolutamente nada ha calado tan hondo en nuestra sociedad como “Tiburón” de S. Spilberg.

Con algunas de las criaturas asesinas de nuestra raza nos hemos reconciliado. Pero el tiburón sigue atemorizando nuestros mares y costas.

Es el motivo por el que escogí “Open Water” para hablar de los escualos.

A diferencia de lo que la mayoría de la gente percibió como evidente en la película, yo creo que no lo es tanto.

Me explico. El tiburón no se muestra en esta película como el ser despiadado que conocemos. Al hablar de “Open water” se hace referencia a los submarinistas que fueron abandonados en un mar infestado de tiburones. Si claro, eso no se hace. Pero durante la película pasan muchas, muchas horas a la deriva antes de ser “atacados” por los tiburones.

Utilizo las comillas porque eso de ataque no me convence. Hasta en Wikipedia se habla de los tiburones y sus “ataques”. Pero si pisas un hormiguero no hablamos de un ataque de hormigas, si haces montañismo y entras en una cueva tampoco hablamos de un ataque de osos.

Los tiburones no atacan. Son animales depredadores, eso es cierto. Pero los humanos no están en su dieta. Primero porque no van a querer cazar alguien de igual o mayor tamaño. Segundo porque no somos apetecibles y en tercer lugar los tiburones tienen dos sentidos más que nosotros, con unos pequeños agujeritos que tienen bajo su boca pueden sentir a kilómetros de distancia las pulsaciones de nuestro corazón pero seguro les interesará más saber qué pez es viejo, débil o enfermo, eso es lo que suelen comer. Excepto los vegetarianos y el tiburón blanco que tiene en su dieta leones marinos y otros bichos grandes. Pero por lo general no se acerca a los humanos.

No tienen dedos por lo tanto no tienen el sentido del tacto que tenemos nosotros que desde pequeños tenemos una curiosidad innata y tocamos para saciarla.

Tocamos a una chica o a nuestras parejas para sentir su cuerpo, tocamos un aguacate para saber si ya se puede comer. Pues Igual pasa con los tiburones, sólo que ellos lo hacen con la boca, con sus dientes que cambian hasta 3000 veces por año. Y eso para nosotros es una gran desventaja.

Si un surfista va nadando en Australia sobre su tabla con su traje de neopreno y un tiburón lo ve desde abajo es posible que lo confunda con un león marino, entonces sí podemos hablar de un ataque. Pero igual es producto de la confusión del animal y es el riesgo al que te expones si haces surf sobre un banco de tiburones.

Este es un film de esos que con poco presupuesto y mucha imaginación consiguen cautivar un gran público basándose en la premisa cinematográfica que es mejor sugerir que mostrar.

La pareja se mantuvo flotando durante muchos fines de semana en medio de tiburones reales a los que tiraban trozos de atún para conseguir ese efecto hiper-realista. No hay efectos especiales, sólo mar, tiburones y una pareja a la deriva durante 24 horas.

En el argumento de la película Daniel y Susan se pierden de sus compañeros sin percatarse que ya han subido a la embarcación y se han marchado sin ellos.

Minutos después de ascender a superficie empiezan a sentir el pánico de estar en medio del océano. Todavía no hay tiburones a la vista. Vieron uno al hacer la inmersión pero pasaron horas hasta que apareció uno estando en la superficie.

En ese momento Daniel coge su cuchillo y se prepara para un posible ataque. Eso no se hace! Si atacas a un tiburón con un cuchillo seguramente no consigas nada diferente a ponerlo más furioso. Difícilmente vas a poder hacerle daño, son demasiado rápidos.

Pero no pasa nada, no hay ataque.

Hay un ataque en esos primeros momentos de tensión pero es una medusa. Luego un leve momento de esperanza con un barco que pasa más o menos cerca pero otra vez, nada.

La tensión sube lentamente, pero con ritmo firme. Ella tiene nauseas, él le suelta los plomos del cinturón para tener más flotabilidad y le pide que se recueste y descanse.

El plano siguiente es de Susan que despierta bruscamente por una aparente mordida de tiburón. Se habían quedado dormidos y la corriente los había separado un poco. Se encuentran y en la efímera alegría se dan apoyo.

Debilitados después de 7 largas horas se dan cuenta que Susan tiene una ligera herida que sangra en su pierna, Daniel sufre un pequeño calambre fruto de su agotamiento y de la temperatura, aparece un tiburón muy grande cerca de ellos. Sigue pasando el tiempo y los tiburones empiezan a acercarse cada vez más curiosos.

La tensión y el stress aumentan considerablemente pero a pesar de estar a merced de los tiburones no hay todavía ataques. El realizador juega con los planos que se quedaron en nuestra memoria por siempre, los de Spilberg donde vemos en contrapicado a personas flotando en la superficie del mar, esperando ser devoradas por el animal.

Pasada casi una hora de película poco se ha visto de la voracidad de los escualos que nadan tranquilamente bajo la pareja mientras esta mantiene una pelea conyugal.

Dos horas después de la pelea ella le dice que lo quiere, encuentra unos caramelos, se reconcilian, los espectadores nos relajamos unos segundos y llega el primer ataque.

Daniel es mordido en su pierna. Como ya dije antes, más fruto de la curiosidad que del hambre, de no ser así esa pierna hubiera desaparecido en un segundo. Hay sangre en el agua, Susan hace un torniquete y evita una hemorragia que pueda enloquecerlos.
Llega la media noche con tormenta añadiendo un ingrediente dramático extra.

En medio de la oscuridad un animal muerde a Daniel otra vez. Amanece y al empezar las tareas de recate Susan todavía está viva. Daniel no, pero no ha sido devorado. Pudo morir desangrado por la herida de la pierna, deshidratado o por una lipotimia. Pasan 24 horas desde su abandono hasta que se lo comen, a ella suponemos que también pues suelta su equipo, se hunde y no vuelve a salir nunca más.

De todo esto podemos sacar dos conclusiones.

1- Se puede decir que la película hace justicia con los tiburones al mostrarlos un poco más cercanos a la realidad.

2- Llevar una acomodada vida aburrida no te sirve de nada. En cualquier momento pueden abandonarte en medio del océano para ser devorado por tiburones y entonces te vas a arrepentir por no haber hecho todo lo que querías hacer.

Deja de leer esto y ve a hacerlo ahora mismo.

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